
↪Llamado a la Reflexión↩
Uno nunca sabe hasta qué punto puede afectar una palabra hiriente, por eso es que hoy les quise traer este cuento infantil que nos invita a reflexionar, el cual desconozco su autor, pero estoy segura que es una persona de una gran sabiduría que ha vivido la vida con los ojos bien abiertos. Dice así...
Había una vez… Así empiezan todas las historias...
Un joven que continuamente se enfadaba dominado por la ira y que frecuentemente insultaba duramente.
Un día, su padre le dio un saco con clavos y le dijo que cada vez que se enfadara y perdiera el control, clavara un clavo detrás de la puerta de su habitación.
El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.
El segundo día 33 clavos y a medida que transcurrían las semanas y el muchacho iba aprendiendo a controlar su rabia, clavaba menos clavos... Con el tiempo, descubrió que era mucho más fácil controlar su rabia que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en el que pudo controlar sus enfados y dejó de clavar clavos, entonces fue a contárselo a su padre, la puerta estaba cubierta de clavos, y este le aconsejo que retirase un clavo por cada día que consiguiese dominar su ira.
Así lo hizo, los días pasaron y finalmente el joven fue a decirle a su padre que ya no quedaban más clavos que retirar de la puerta…
Entonces el padre, llevó al joven hasta la puerta y le dijo:

"Hijo mío, has trabajado muy duro, pero mira todos los agujeros que han quedado… Esta puerta jamás será como antes.
Lo mismo ocurre con las personas. Cada vez que descargas tu ira sobre alguien con palabras crueles y ofensivas, dejas una herida como ésta… No importa las veces que pidas perdón o que retires lo dicho, el daño ya está hecho y las cicatrices perdurarán por siempre. Recuerda que una ofensa verbal puede ser tan dañina o más que una ofensa física".

Realmente es una reflexión trascendental para nuestras vidas... No cabe duda de que las palabras son mágicas y tienen poder, mucho poder, las palabras son tan influyentes y persuasivas que pueden cambiar positivamente o negativamente a los demás en un instante, hay palabras capaces de dar vida y otras que generan malestar, agresividad, tristeza... y hay palabras ofensivas que en la mayoría de los casos enfrentan y ocasionan distanciamientos insalvables entre familiares, las parejas, amigos, etc...
La palabra es un don y hay quienes las malgastan utilizándolas para ofender y herir solo por la rabia del momento sin pensar en las consecuencias, ignorando que las palabras dan su fruto y sus efectos negativos también vuelven a quien las pronuncia, porque tampoco hay que olvidar que el uso que hacemos de las palabras, también afectan a nuestros pensamientos, nuestras emociones y en definitiva a nuestro carácter y forma de actuar.
En cualquier caso, la ira es una pésima aliada y la peor compañera de viaje, daña a quien la tiene y todo lo que toca, siendo capaz de hacer pedazos todo tipo de relaciones en cuestión de segundos.
Bueno, al final me extendí un poco, espero les sirva mi opinión... y ya para terminar les dejo un gran pensamiento de Buda...
¡Hasta la próxima, cuídense mucho!
▼
Aferrarse a la ira o guardar rencor,
es como beber veneno
y esperar que la otra persona muera
·Buda·
▲











